HOMBRES EN SITUACIÓN DE CALLE: OSTENTACIÓN DE PRIVILEGIOS PATRIARCALES

Men in street situations: Flaunting patriarchal privileges

 

Fecha de recepción: 19 de noviembre de 2025 / fecha de aceptación: 11 de diciembre de 2025

 

María Isabel Muñoz Jaime1 y Verónica Francisca Rubio Aguilar2

 


Cómo citar este artículo:

Muñoz, M. I., y Rubio, V. F. (2025). Hombres en situación de calle: Ostentación de privilegios patriarcales. Pensamiento y Acción Interdisciplinaria, 11(2), 80–96. https://doi.org/10.29035/pai.11.2.80

 

 

Resumen

Desde la categoría analítica del género y la perspectiva de la interseccionalidad, este artículo propone explorar cómo los hombres en situación de calle construyen sus procesos de masculinidad en cuanto a sus formas de relacionarse, la historicidad y el cruce de las variables interseccionales dadas por la situación de calle. Para ello, se consideraron los relatos de cuatro varones habitantes del centro urbano de la ciudad de Valparaíso, región que ocupa el segundo lugar nacional con más personas en situación de calle en Chile. La investigación utilizó una metodología cualitativa situada. Los datos recogidos a través de entrevistas en profundidad se analizaron utilizando el método de la teoría fundamentada. Finalmente, los resultados revelan la perpetuación de los privilegios y las supremacías masculinas en la calle, asociadas a una masculinidad hegemónica interna y externa. Sin embargo, estas estrategias no solo afectan a las mujeres de calle, sino también a aquellos hombres que no logran alcanzar el patrón hegemónico, aflorando así masculinidades de subordinación.

Palabras clave: Género, hombres en situación de calle, masculinidades, privilegios, supremacía

 

Abstract

From the analytical category of gender and the perspective of intersectionality, this article proposes to explore how men in street situations construct their masculinity processes in terms of their ways of relating to each other, historicity and the intersection of intersectional variables given by the street situation. To this end, the accounts of four male inhabitants of the urban centre of the city of Valparaíso, the region with the second highest number of homeless people in Chile, were considered. The research uses a situated qualitative methodology. Data collected through in-depth interviews were analysed using the grounded theory method. Finally, the results reveal the perpetuation of privileges and male supremacy on the streets, associated with an internal and external hegemonic masculinity. However, these strategies do not only affect street women, but also those men who do not manage to reach the hegemonic pattern, thus bringing to the surface masculinities of subordination.

Keywords: Gender, men in street situations, masculinities, privileges, supremacy

 

Introducción

Situación de calle y su construcción de masculinidad

En Chile, la situación de calle ha sido conceptualizada como un fenómeno de carencia material, comprendida como una problemática compleja con un alto grado de vulnerabilidad. Este fenómeno es multicausal y multidimensional, expresándose en exclusión y desvinculación social, abarcando una combinación de causas que pueden ser económicas, históricas, políticas, entre otras (Ministerio de Desarrollo Social, 2014). Sin embargo, para esta población no existe una definición única consensuada de “persona en situación de calle (PsC)”, término que se encuentra junto a otros como “personas de la calle”, “habitantes de calle”, “deambulantes”, “personas sin hogar” u “homeless”, los cuales se encuentran en la literatura internacional para hacer referencia a una problemática social compleja (Di Iorio, 2019). En Chile, la Fundación Hogar de Cristo y la Red de trabajo con personas en situación de calle la han definido como aquellas personas que se encuentran en una situación de exclusión social y extrema indigencia, específicamente refiriéndose a la carencia de hogar y residencia, así como a la ruptura de los vínculos con personas significativas. Esta definición aborda no solo la falta de residencia, sino también la carencia de bienes materiales, lo que implica una definición más cercana a la idea de “ausencia de hogar” (Ministerio de Desarrollo Social, 2012; Weason, 2006).

El fenómeno de la situación de calle trasciende el hecho de pernoctar en diversos lugares, tanto públicos como privados. Va más allá de requerir apoyo biopsicosocial o de la falta de apoyo familiar, ya que también se puede asociar a una estructura dominante de género. Esta estructura se entiende como una forma de expresión de múltiples feminidades y masculinidades presentes en el espacio, vinculadas a las dimensiones de producción, poder, afecto y sexualidad. Además, existe una clara división de lo reproductivo en varones y mujeres (Connell, 2003).

Se estima que la masculinidad en calle puede ser parte de la noción de hegemonía, producto de un conjunto de significados, valores, ideas y prácticas sociales instituidas sobre la masculinidad, que mantiene un dominio como componente central y que aspira, como clase dominante, a controlar aspectos fundamentales del contexto social y las formas de poder (Meler, 2023; González-Barrientos et al., 2024). Sin embargo, no existe un modelo único de masculinidad; por el contrario, Demetriou (2001) identifica al menos dos formas y funciones de masculinidad hegemónica. La primera sería una hegemonía externa, que da cuenta de la dominación masculina sobre la mujer (Demetriou, 2001), lo que implica que los hombres supriman sus emociones, sentimientos y nieguen sus necesidades (Hardy y Jiménez, 2001; Kaufman, 1994).

Paralelamente a esta masculinidad, se encuentra la hegemonía interna, que supone una ascendencia social de un grupo de hombres por sobre otros hombres (Demetriou, 2001). En el contexto de la situación de calle, los hombres deben ser rudos, defenderse y generar alianzas ante posibles enfrentamientos; ello es una exigencia para sobrevivir, considerando que deben enfrentar escenarios de violencia, robos o golpizas (Bermúdez, 2009). En este sentido, Bonino (2000) refiere que ser varón implica poseer una masculinidad racional, autosuficiente, defensiva y controladora, que se define en contra y a costo del otro, dentro de la jerarquía masculina.

La investigación base de este artículo revela que existen estudios referidos a la construcción de identidades de masculinidad, que buscan romper con la caricaturización y la otredad de las PsC (Bermúdez, 2009). Además, hay estudios relativos a masculinidad y género que involucran familias, cuyos resultados muestran los mandatos no logrados en el cumplimiento de los roles asignados a los hombres (Ferreiro y Ermocida, 2019). Sin embargo, hasta ahora, existe escasa evidencia en Chile sobre estudios que aborden los procesos de construcción de masculinidades de hombres en situación de calle.

Finalmente, comprender esta realidad tan compleja sitúa a los hombres en situación de calle como un sujeto relevante de investigación, en función de sus propios procesos de masculinidad y los diversos elementos que el contexto de calle significa. La investigación se realizó en la ciudad de Valparaíso, segunda región con el mayor número de personas en esta situación, con un total local de 2.485 personas de un total nacional de 20.125 personas (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2024).

Es por lo anterior que este estudio se orientó a conocer cómo los hombres en situación de calle, desde la historicidad y el cruce de variables interseccionales, construyen sus procesos de masculinidad en cuanto a sus formas de relacionarse.

 

Género y masculinidad

La categoría de perspectiva de género es útil para analizar la posición de los hombres en situación de calle, ya que permite configurar la posición de los elementos relacionados y percibidos como femeninos y masculinos. Ambas estructuras imponen al mundo un ordenamiento jerárquico basado en relaciones de poder en la sociedad, las cuales encontramos en el ámbito institucional y social de los sujetos y que no son inherentes a ellos. Es decir, son construcciones que se van imprimiendo como parte del proceso por el cual emerge un ser social (Segato, 2015). En este sentido, Butler (2007) afirma que el género, pese a existir lo normativo o lo establecido socialmente como correcto o incorrecto, no necesariamente obliga a las personas a adscribirse a estos atributos portadores de estructuras binarias. Por ello, se propone una postura teórica situada en la performatividad del género.

Que el género sea normativo significa que la sociedad se va a performar a condiciones y normas referidas a lo masculino o a lo femenino, reproducidas y actuadas para “encajar” o sobrevivir en base a lo considerado correcto, con el fin de evitar sentirnos diferentes o excluidos de nuestros contextos (Butler, 2007). Por ello, la perspectiva de género es fundamental en estos análisis porque permite una visión universal de los sexos y su transformación en una diversidad de expresiones de feminidad y masculinidad, que responde a construcciones históricas, sociales y culturales (Scott, 2008). En este sentido, la perspectiva crítica del género permitirá instalar una categoría de análisis para comprender los procesos de masculinidad de los hombres en situación de calle, con el fin de analizar las desigualdades producidas a partir de la diferencia sexual, así como los procesos y prácticas que se estima continúan reproduciéndose como un modelo de dominación patriarcal o sus implicancias y la posición que ocupe cada una de las partes (Ramírez, 2005; Schongut, 2012).

Para realizar un análisis desde la categoría de la perspectiva de género en hombres en situación de calle, es necesario tener en cuenta al menos tres aspectos. El primero es que el género siempre debe tener un contexto relacional (otredad) (Burin y Meler, 2000). Esto ocurre porque el género permite analizar relaciones de poder ejercido sobre un otro/a (Burin y Meler, 2000; Connell, 1995).

El segundo aspecto es que el género es una construcción histórico-social, es decir, una categoría que se va produciendo a lo largo del tiempo y de manera diferente. Esto permite evitar formulaciones biologicistas que solo respondan a las diferencias entre hombres y mujeres, lo que permite tensionar el sistema tautológico sexo/género (Burin y Meler, 2000).

Finalmente, el tercer aspecto refiere a la dificultad de entender el género como una categoría totalizadora, ya que la masculinidad o feminidad al mismo tiempo envuelve en un/a sujeto una serie de otras variables, como la raza, clase social o la misma situación de calle. Este último punto permite reconocer que el género no solo es una categoría para analizar las desigualdades de poder, sino que está cruzado por variables interseccionales.

 

Interseccionalidad

La interseccionalidad es una herramienta analítica que permite reconocer las múltiples desigualdades que existen a partir de diferentes factores sociales como el género, raza, edad y clase social. Crenshaw (1988) define la interseccionalidad como un fenómeno por el cual las personas sufren opresión u ostentan privilegios en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales, tales como la edad, estatus económico, la vulnerabilidad y hasta la misma situación de calle, que puede ser parte de ella.

Crenshaw (1988) plantea que los procesos complejos, irreducibles y variados que viven las personas derivan de la interacción de factores sociales, económicos, políticos, culturales y simbólicos. Por ello, este enfoque refiere que las opresiones de la sociedad no actúan de manera independiente, sino que están interrelacionadas y no pueden ser analizadas por separado unas de otras. Por esto, es necesario que, desde los marcos conceptuales del género, las investigaciones no se centren únicamente en el género, ya que esto puede centrar el análisis en un simple señalamiento, lo que no permitiría detectar cómo diversas categorías sociales, culturales e históricas interactúan para manifestarse en estudios sobre desigualdad del poder desde la perspectiva de género, cruzada por los aspectos relevantes que propone la interseccionalidad (Burin y Meler, 2000).

 

Diseño metodológico y técnicas de investigación

Este estudio asume una metodología cualitativa situada, que se orienta a analizar casos concretos en su particularidad a partir de expresiones y actividades de las personas (Flick, 2004). Para ello, se realizó una muestra de tipo intencional (Rodríguez et al., 1999), tomando los criterios: hombres en situación de calle, habitantes del centro urbano de Valparaíso, mayores de 18 años, con más de cinco años en situación de calle y que se encuentren en las tipologías de calle de autosuficiencia, las cuales corresponden a personas que presentan un pronunciado deterioro psicosocial, pero con mayores niveles de autonomía, muchas veces reconocidas como refractarias por su renuncia voluntaria a intervenciones sociales; cuentan con estrategias que demuestran manejo y conocimiento de la cultura de calle y sus dinámicas (Rojas, 2008). En definitiva, la muestra quedó conformada por cuatro hombres en esta situación (Tabla 1), no pudiendo ampliar la muestra debido a problemas de salud mental y consumo de alcohol al momento de las entrevistas, lo que podría interferir en los relatos de los participantes.

 

Tabla 1

Participantes de la investigación

Participantes

Edad

Tipología

Años en calle

Sujeto 1

31 años

Autosuficiencia

15 años

Sujeto 2

38 años

Autosuficiencia

5 años

Sujeto 3

49 años

Autosuficiencia

34 años

Sujeto 4

53 años

Autosuficiencia

12 años

Nota: Elaboración propia.

 

Se utilizó la entrevista en profundidad, con el fin de rescatar la visión de los actores como una forma privilegiada de obtener información (Flores, 2009). Las entrevistas se llevaron a cabo en distintos momentos, en dependencias de un programa para personas en situación de calle de la región de Valparaíso. Al momento de su aplicación, se consideraron algunos requisitos: hombres con estabilidad cognitiva y sin consumo de alcohol ni drogas. Las entrevistas fueron grabadas por voz y los datos recogidos fueron transcritos y posteriormente analizados por las tres fases de la Teoría Fundamentada (Strauss y Corbin, 2002), comenzando por la codificación abierta, donde se identifican los conceptos, seguida de la codificación axial, donde se relacionan las categorías, y finalmente la codificación selectiva, donde emerge la categoría central (Vasilachis, 2006).

 

Aspectos éticos y de rigor científico

La investigación fue aprobada por el Comité de Ética Científico Centro Norte de la Universidad Santo Tomás. Por lo tanto, antes de las entrevistas se le aplicó a cada persona un consentimiento informado para resguardar su dignidad, anonimato y confidencialidad, explicándoles el propósito del estudio y entregándoles una copia del documento de consentimiento informado, el cual fue firmado en dos ejemplares.

 

Resultados y discusión

A continuación, se presentan los principales resultados de este estudio, que consideró como sujetos de interés a PsC varones del sector centro urbano de Valparaíso, Chile, con el fin de responder la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo los hombres en situación de calle construyen sus procesos de masculinidad en cuanto a sus formas de relacionarse, la historicidad y el cruce de variables interseccionales?

Los resultados serán presentados de acuerdo con tres categorías de análisis: a) “machos machirulos”, b) la mujer como “moneda de cambio” y c) “ley de la selva”, de las que emerge la categoría central “ostentación de privilegios patriarcales”.

 

Tabla 2

Matriz de codificación

Codificación abierta

Categorías axiales

Categoría selectiva

Relación de dominación

Machos machirulos

Ostentación de privilegios patriarcales

Subjetividad patriarcal

Cultura machista

Reconocimiento del poder

Control sobre la mujer

Mandatos de género

Consumo

 

 

Intercambio sexual

Mujer como moneda de cambio

Transacción de la mujer

Violencia cruzada

Comercio sexual

Mujeres vulnerables

 

 

Masculinidad subordinada

Ley de la selva

Líder del grupo

Atributos físicos

Seguridad y protección

Nota. Elaboración propia.

 

Machos machirulos

A partir de los relatos de los hombres entrevistados se desprende que las masculinidades en calle se construyen desde subjetividades patriarcales, cerrándose en expresar sus emociones producto de una cultura patriarcal. Por esto, suprimen sus emociones para proyectar una figura fuerte y de poder con sus pares. De esta forma, las relaciones entre hombres y mujeres en calle se basan en el reconocimiento del poder y el control que el hombre ejerce sobre la mujer, estableciendo una relación de dominación, con prácticas de violencia cruzada marcada por los celos y el consumo de alcohol y drogas.

como que trata de llevar, el hombre más quiere llevarla más a la mujer, como que quiere tener el control, quiere tener a la mujer controlada como un títere [...] ¿me entiendes? [...] a mí esa parte no me gusta, pero existe dominación (Sujeto 2).

[...] que los celos, que vo tal por cual, viven peleando, se viven pegando, viven ellos [...] viven golpeados los dos, o si no es la mujer es el hombre (Sujeto 4).

Los sujetos expresan que existe una instrumentalización en las relaciones de parejas; así, los hombres de calle requieren de las mujeres para acompañarse y que sean ellas quienes se encarguen de mantener limpios los espacios que habitan en la vía pública para que ellos puedan descansar y pernoctar. Por su parte, las mujeres en calle exigen a los hombres cumplir al mismo tiempo los roles de proveedor y de cuidado bajo situaciones que pongan en peligro sus vidas, demandándoles estas condiciones en la relación de pareja, donde los hombres deben mantener económicamente a las mujeres y cuidarlas para sobrevivir en calle. De esta forma, las mujeres validan la masculinidad de proveedor.

Ah no poh, yo tengo amigas que dicen “ah no poh vo’ estay loco, si vo’ soy el hombre que te creí, tal por cual vo’ vay no ma’ y yo te espero aquí cuidando y limpiando” y ellos tienen que llegar con plata, tienen que saber llegar con plata [...] o si no ellas se les van [...] eso [...] ellas son así, ellas son care palo [...] No, el hombre tiene que salir a moverse a movilizarse para que ellas tener [...] pal vicio, pa’ la comida, pa cuidarlas, para todo (Sujeto 3).

Los hombres en situación de calle manifiestan que su principal preocupación es tener cubiertas las necesidades de consumo de drogas y alcohol, dejando en último lugar la posibilidad de establecer posibles relaciones de pareja, puesto que para ellos es prioritario disponer de ingresos para costear sus adicciones. Para esto, despliegan estrategias de subsistencia como pedir dinero en la calle, con el fin de acceder a la compra de drogas. Solo un sujeto relata que estar en compañía de una mujer es un incentivo para dejar el consumo de drogas y dejar de sentirse solo. No obstante, este imaginario se desvanece rápidamente cuando advierte que al estar en pareja ambos pueden comenzar a consumir, fracasando la utopía de abandonar las drogas.

Es que mira sin mentirte, yo lo veo como un tipo de obsesión, como para no sentirte solo, cuando uno está metió en el vicio igual busca de repente una compañía como para poder proyectarte y salir del vicio y no estar metió de nuevo en lo mismo. Ellos pueden estar contentos no es que ahora voy a cambiar y la vola pero después los veo metios en el mismo hoyo poh y terminan fumando ¿cachai o no? (Sujeto 2).

 

Mujer como moneda de cambio

En el marco de la adicción frente al consumo de alcohol y drogas, estando en una relación de pareja, es frecuente ofrecer e intercambiar a las mujeres con las que mantienen una relación “afectiva” por drogas y/o alcohol. De esta forma, existe una transacción económica donde otro hombre paga por el intercambio sexual de la mujer de calle, siendo una práctica validada y que al parecer no perturba la relación de pareja, pues les permite a ambos, hombres y mujeres, seguir consumiendo. Bajo dicha realidad, las relaciones afectivas de calle se desarrollan en contextos de alta violencia y agresiones.

No tengo idea, mira yo he visto a muchos que le han pagado de repente, voy a dar dos ejemplos de parejas que conozco [...]. Ya resulta ya que esos cuatro, esos cuatro personajes, esas dos parejas están metios en el vicio y quedan pato cahai, quedan pato y toa la volá, quedan pato y quedan picao los gueones [...] llevan a prostituirse a las pololas, ese corte. En Yungay y Chacabuco, y los gueones quedan esperando a bajo y las gueonas arriba con los otros gueones. Cachai y después los gueones se ponen a fumar y se van igual de la manito y cuando están fumando y después están fumando con copete y todo [...] ¿Qué es esa guea [...]? (Sujeto 1).

Los hombres de calle refieren que a las mujeres se les hace fácil sobrevivir en este contexto y acceder al consumo de drogas y alcohol porque pueden ejercer el comercio sexual, donde este tipo de encuentros no necesariamente obedece a la búsqueda de placer, sino a la necesidad de disponer de dinero. También expresan que la transacción sexual no solo significa vender a sus parejas, sino pagar con drogas la compañía de una mujer, lo que carece de toda relación afectiva entre el hombre y la mujer de calle.

La mujer en calle es como más fácil, porque como es mujer se le hace fácil todo a ella [...] porque tú, para que vamos a estar con cosas, si quieren drogas vamos, aunque sea por placer, ya vamos por sexo y dame plata, a ellas se les hace súper fácil [...] a las minas que conozco que viven en calle, porque ellas salen y se prostituyen, que se yo, hacen, machetean [...] hacen de todo, entonces se les hace más fácil a la mujer que a el hombre (Sujeto 3).

Algunos hombres reconocen que las mujeres de calle presentan una mayor vulnerabilidad para vivir en dichos espacios, identificando posibles riesgos, tales como la exposición permanente a situaciones de violencia, asaltos y violaciones. Por esto mismo, valoran a las mujeres fuertes y agresivas, pues estiman que estas características les permiten enfrentar los peligros de la calle y sobrevivir en ella.

O sea, es duro vivir en calle, porque como está la violación de repente como que tienen que cuidarse, están los asaltos, la pueden asaltar, pegarle, violarla [...] entonces creo que la mujer [...] la mujer tiene que ser chora yo creo para estar en calle [...] para sobrevivir o estar con alguien, con algún amigo que la apoye para que no se propasen con ellas (Sujeto 2).

 

Ley de la selva

Esta categoría recoge un hallazgo interesante en la investigación que corresponde a las principales características de una masculinidad subordinada atribuida por los sujetos entrevistados, quienes la describen como una estrategia de sobrevivencia, pues deben demostrar en su actuar e interacciones diarias su poder sobre los otros hombres de calle. Expresan que siempre debe existir un líder que domine al grupo, distinguiendo que quien posea este liderazgo debe ser fuerte en términos físicos y disponer de mayores recursos en dinero. Existe también una valoración de los hombres de calle que han vivido privados de libertad durante muchos años, otorgándoles un alto estatus por haber sido capaces de soportar la cárcel con habilidad, fuerza y valentía, ya que poseen estrategias de sobrevivencia y logran liderar a otros hombres. Dicho esto, las PsC valoran a los hombres con largas trayectorias privados de libertad porque han sido capaces de soportar situaciones altamente hostiles e infrahumanas.

[...] en la calle es lo mismo lo que significa un gallo en un gallinero, por ejemplo, es el que manda, siempre hay uno que manda, siempre el más fuerte, siempre el que tiene más plata, incluso se vale mucho la cantidad de años que haya estado preso, el que ha estado preso más tiempo es el mejor, porque la cárcel es poco menos que ir al infierno, pero si uno soportó el infierno, se supone que sale diablo (Sujeto 4).

Algunos hombres manifiestan abiertamente que, de ser necesario, deben adoptar una actitud de sumisión y subordinación frente a otros hombres de calle, estando dispuestos a acceder a todo tipo de solicitudes y exigencias sin cuestionamientos. Asumir una posición de subordinado frente a otros hombres se explica porque les garantiza protección, seguridad y sentido de pertenencia a un grupo. Cada grupo de calle reconoce a su líder natural y lo valida porque valora su experiencia en calle, las atribuciones que posee con otros hombres, la capacidad de actuar con frialdad y ser decidido para obtener lo que desea.

Mmm no si son todos individuales, son todos individuales, ¿cachai? Puede no sé poh o sea, de hecho el más choro por ejemplo, si yo en calle y yo veo un tipo que es más choro que yo, yo en vez de buscarle bronca le busco las de abajo pa´ que el tipo me proteja (Sujeto 4, doce años en calle).

 

Categoría central: Ostentación de privilegios patriarcales

A partir de los resultados, podemos proponer una lectura basada en la hegemonía interna y externa (Demetriou, 2001), que refiere a la hegemonía como el poder de los hombres por sobre las mujeres, construido a través de la cultura del patriarcado como un sistema de dominación a través del género. En este sentido, se distingue que los hombres en situación de calle sustentan sus relatos desde una construcción hegemónico-externa hacia las mujeres de calle. Refieren que ellos son fuertes y las mujeres son solo una compañía para sobrellevar la soledad, cosificándolas en labores domésticas, donde los hombres gozan de una posición superior, subordinando a las mujeres a tareas de menor importancia. De esta forma, las mujeres deben validar la opresión y responder a las prerrogativas cotidianas de los hombres. Sin embargo, esta situación podría empeorar y desplazarse a un problema de agresión y violencia de género en el caso de que las mujeres se nieguen a responder a las exigencias de los hombres de calle.

A la luz de los resultados también emergen significados con énfasis en los dividendos que puede recibir un hombre en cuanto a la subordinación de la mujer. En este sentido, el significado se configura a través de la transacción o venta que realizan los hombres en calle, donde prostituyen a las mujeres, asociando esto a una práctica orientada a obtener recursos financieros para la satisfacción del consumo de drogas que ambos reportan y que, en consecuencia, es de conveniencia para ambos. Con esto se legitima la estructura social y las experiencias de los hombres en un marco de patriarcado.

Desde el patrón de subordinación emerge un hallazgo en la investigación que otorga la posición de dominación a otro hombre cuando no logran alcanzar el patrón hegemónico interno. Esto ocurre porque la población de personas en situación de calle es mayoritariamente masculinizada, con un 85% (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2024). Así, podemos apreciar cómo la situación de calle no escapa a los mandatos hegemónicos de género porque la cultura del patriarcado sustenta el imaginario de un hombre poderoso, superior, protector, viril, autosuficiente, y todos esos atributos se tienen que demostrar permanentemente (Fernández, 2018), fenómenos que están altamente presentes en la realidad estudiada. En este sentido, los varones en situación de calle validan a un líder que ocupa una posición jerárquica estratégica, dominante, fuerte y violenta, donde otros hombres menos fuertes deben asumir una posición de sumisión sin enfrentamientos, aceptando la posición de masculinidad y de dominación a cambio de protección. De esta forma, la cultura de calle se asemeja a algunas experiencias subjetivas que han vivenciado estos hombres en contextos masculinizados, como es la cárcel, perpetuando estrategias y tácticas para sobrevivir cada día, siendo un modo de reproducción social que les permite validarse y garantiza la supervivencia en un escenario complejo con alta vulneración, marginalidad y exclusión social.

Desde un análisis interseccional, las masculinidades no interactúan solo con la categoría género, sino con otras, tales como la clase y la raza (Expósito, 2012). De este modo, la comprensión de la posición que juegan las mujeres en calle da cuenta de una multiplicidad de situaciones que las exponen a mayor vulnerabilidad, en un entorno que es de extrema pobreza, no solo económica, sino también referida a la escasez y quebrantamiento de vínculos afectivos, familiares y sociales.

En síntesis, de acuerdo con lo visto en este estudio, en contextos de calle emerge una masculinidad hegemónica de superioridad y dominación masculina sobre las mujeres y también sobre otros hombres, que pueden expresarse en contextos sociales, especialmente cuando estos son marginados, empobrecidos y movilizados por el consumo excesivo de alcohol y drogas. Esto nos permite reflexionar y reconocer los diversos contextos socioculturales e institucionales que producen diferentes masculinidades, comprendiendo que estas no son fijas ni categóricas.

 

Conclusiones

Podemos concluir que la situación de calle es una compleja expresión de la exclusión social, donde se legitima, sostiene y perpetúa un sistema patriarcal cargado de prácticas sociales que regulan y reproducen mandatos de género que obstruyen y afectan los vínculos que pueden generar los hombres en situación de calle. De este modo, los sujetos han aprendido que reprimir sus emociones y sentimientos les otorga mejores dividendos y que sostener relaciones de interés les permite gozar de privilegios para sobrevivir en calle, con retribuciones no solo económicas, sino también de protección, seguridad y sexuales, sin importar lo que deban hacer o exigir para conseguirlo. En efecto, las exigencias de la masculinidad operan en los comportamientos de los hombres hacia un mundo relacional, competitivo y de disciplinamiento cultural (Meler, 2023).

La alta presencia de hombres en calle permite que confluyan diversas masculinidades, donde es evidente la herencia del patriarcado en la desigualdad de las relaciones entre hombres y mujeres y entre grupos de hombres subordinados, la complacencia en lo sexual y en la satisfacción para el consumo de alcohol y drogas, posicionando a las mujeres en una subordinación absoluta ante los hombres. Esta subordinación también es posible encontrarla en algunos hombres que no alcanzan una masculinidad exigida socialmente, pues requieren de un líder para mantenerse a salvo a cambio de las exigencias y solicitudes para su propia conveniencia.

En relación con las proyecciones de este estudio, creemos que, en contextos vulnerados como la situación de calle, las prácticas provenientes de la masculinidad hegemónica, de complicidad, de subordinación y de marginalidad seguirán instaladas, pues se reproducen culturalmente bajo la corriente patriarcal. Parafraseando a Judith Butler (2007), en los grupos vulnerables se continuará reproduciendo un dominio paternalista que otorga poder en sus propios intereses. A modo ilustrativo, con frecuencia las muertes de mujeres en situación de calle son tipificadas como homicidios simples, sustentadas en el prejuicio de que son prostitutas o tienen múltiples parejas, lo que no permite la tipificación del delito como femicidio; con esto no solo podría existir un error, sino un ocultamiento en las cifras de femicidios, dejando impune a perpetradores que continuarán gozando de los privilegios del patriarcado, aun en contextos de vulnerabilidad como la situación de calle.

Resulta imperativo hacer públicas las masculinidades que emergen en situación de calle, como una forma de evidenciar, hacer justicia y denunciar la falta de equidad entre mujeres y hombres en contextos vulnerados y empobrecidos, con el fin de fundamentar políticas sociales que permitan visibilizar estas desigualdades y lo violento de estas prácticas gananciales para las masculinidades. Ciertamente, la exclusión social en que viven las personas en situación de calle las mantiene absolutamente marginadas y alejadas de las demandas de los movimientos sociales. De allí que estos no logran ni siquiera fisurar la instalación del patriarcado en el contexto de vivir en calle, donde el interés de hombres y mujeres en esta situación está puesto en la sobrevivencia, el consumo de alcohol, drogas y la autosatisfacción.

Las políticas públicas orientadas a las personas en situación de calle deberían incorporar de manera explícita la perspectiva de género y el enfoque sociológico de la interseccionalidad, esto con el fin de complementar y complejizar el énfasis puesto solo en las condiciones de habitabilidad. En este escenario, resulta prioritario el reconocimiento de las distintas situaciones de vulneración de derechos que afectan a las mujeres en situación de calle, que se vinculan con el embarazo, la violencia física y psicológica, la prostitución forzada y las violaciones reiteradas, que dan cuenta de los mandatos de género heterocispatriarcales en estos contextos de extrema precariedad socioeconómica.

En síntesis, la situación de calle no puede ser comprendida solo como un espacio de exclusión social, sino más bien como un lugar que reproduce las desigualdades de género y limita las posibilidades de agenciamiento de las mujeres, especialmente cuando se interseccionan distintas categorías de discriminaciones múltiples, tales como edad, clase social y consumo problemático.

Entonces, los códigos y formas de acción que construyen las personas en calle, altamente masculinizadas y enraizadas en el patriarcado, evidencian casi nulas posibilidades de erradicarlas, pues son comprendidas y validadas desde lo social y cultural por hombres y mujeres en esta misma situación. Por lo tanto, la experiencia de habitar y vivir en la calle es tan infrahumana que, al combinarse con la macroestructura de dominación, facilita la instalación y perpetuación de la hegemonía patriarcal, cosificando sus experiencias a estructuras muy limitadas e idearios muy disímiles en relación con las demandas de los actuales movimientos sociales feministas.

 

Notas

Se agradece a las personas que fueron parte de este estudio, puesto que con sus testimonios contribuyen a la visibilización de la temática investigada.

 

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Dirección de correspondencia:

María Isabel Muñoz Jaime

Contacto: mmunozj@santotomas.cl

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Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 4.0 Internacional

1  Trabajadora Social, Magíster en Psicología Social, Doctorado en Estudios Psicológicos y Sociales del Bienestar.
Directora de Carrera de Trabajo Social (sede Viña del Mar) y Coordinadora Nacional de la Línea de Asignaturas Prácticas de la Escuela Nacional de Trabajo Social, Universidad Santo Tomás.

Correo electrónico: mmunozj@santotomas.cl. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0540-1722

2  Trabajadora social, Doctora en Educación.

Universidad Santo Tomás, Santiago, Chile.

Correo electrónico: vrubioa@santotomas.cl. ORCID:https://orcid.org/0000-0002-8965-1461